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Los gatos, esos grandes maestros de vida

El 2019 ha terminado y con él, un año de grandes aprendizajes. Ha habido momentos duros, de esfuerzo y de lucha, pero también de grandes descubrimientos, autoconocimiento y crecimiento personal. Uno de los grandes descubrimientos no sólo del año sino de mi vida, han sido las dos gatas que adopté: Tina y Katniss.

Yo nunca había sentido una conexión especial con los gatos, podría decir incluso que me daban miedo y me generaban desconfianza. Los tenía catalogados de animales ariscos y poco afectivos (nada más lejos de la realidad), lo cual me hacía no acercarme a ellos. Sin embargo, como todo en la vida, los gatos llegaron a mí cuando yo estuve preparada para ellos, para entenderlos, aprender de ellos, conocerlos y poder apreciar su belleza.

Ellas han sido mis grandes maestras de este 2019 por muchas razones. Por ello he querido dedicarles este post y sacar a relucir las bondades de convivir con estos grandiosos animales. Sería fantástico que pudiéramos extrapolar a nuestra vida muchas de las características que tienen. No sólo mejoraría nuestra salud mental sino también nuestra salud física y nuestra percepción de nosotros mismos, de los otros y del mundo.

¿Qué he aprendido de mis gatas?

El arte de disfrutar

Tienen una capacidad para estar en el momento presente que les hace disfrutar al máximo de lo que están haciendo en ese momento. Cuando las miro noto cómo están presentes al máximo y cómo pueden notar todas las sensaciones. Si observas a un gato verás que siempre intenta generar o autogenerarse situaciones placenteras. Buscan activamente el placer y el bienestar y cuando lo consiguen, lo disfrutan plenamente.

La capacidad de cuidarse

Todos los días los gatos guardan varios momentos para su autocuidado. En su caso consiste en limpiarse y, en ocasiones, limpiar a sus iguales. En muchas ocasiones he podido comprobar como los momentos de autocuidado de mis gatas coinciden (incluso si están en habitaciones separadas) y como disfrutan limpiándose y cuidándose la una a la otra.

¿Cuántos momentos de autocuidado nos dedicamos al día? Desgraciadamente cada ves menos y más rápido. Mis gatas me han enseñado a parar, a guardarme momentos para mí, cuidarme y también cuidar de las personas que son importantes para mí.

La habilidad para poner límites

Creo que esta habilidad es de las que más me impactó. Los gatos son auténticos maestros a la hora de poner límites. Saben cuando quieren o no quieren algo y no tienen problema en ponerle al otro un límite. Es sorprendente la naturalidad a la hora de establecer el límite pero también a la hora de recibirlo. Se entiendo todo perfectamente y, a diferencia de esa gran habilidad del ser humano de tomarlo todo personalmente, en los gatos esto no aparece.

Qué positivo sería para nuestras relaciones y para nuestro desarrollo personal y autoestima, poder poner límites saludables sin sentir culpa, vergüenza, remordimientos, tener que justificarnos, etc. Simplemente poner esos límites desde el autorespeto y el autoconocimiento, como una manera de mejorar la calidad de la relación.

El arte de amar

Los gatos tienen una gran capacidad para amar, sólo que la muestran cuando quieren, como quieren y con quien quieren. Son libres en el acto de amar y se autorespetan de una manera increíble. No confían en todo el mundo a la primera de cambio, sino que observan, analizan y dejan actuar también a su instinto. Con todos estos ingredientes, entonces deciden si esa persona es merecedora de su afecto y su tiempo. Aún así, darán ese afecto cuando sientan que quieren hacerlo y respetando sus tiempos en cada momento.  Amar es un acto de libertad y una decisión personal, y mis gatas me lo han enseñado cada día.

Qué gran aprendizaje ha sido esto para mí. Me ha enseñado a autoregularme, a autorespetarme, a elegir a qué personas les doy mi afecto y amor y en qué momento me apetece y en qué otro no. Todo ello sintiéndome libre y con el derecho de decidir. ¡Qué gran sensación!

A expresar emociones

Los gatos son muy expresivos y no se privan de comunicarnos cómo se sienten en cada momento, ya sean emociones agradable so desagradables. El ronroneo y el masaje son dos de las herramientas que utilizan para expresar que están a gusto, que les gusta tu presencia y/o tus caricias y que quieren estar cerca de ti. Es asombroso como parecen entender lo necesario que es expresar nuestros sentires para que el otro pueda regular su conducta hacia nosotros, para hacernos entender y que nos puedan ayudar en un momento determinado y como sana expresión de cómo nos sentimos en cada momento.

Mis gatas me han enseñado a ser más consciente aún de mis estados emocionales y a comunicarlos para poder regularme, regular mis interacciones con el entorno, pedir ayuda o simplemente ventilar. He perfeccionado la capacidad de expresar mis emociones agradables, tanto hacia mí misma como hacia los demás y/o el entorno, como la capacidad de expresar mis emociones y sentires desagradables.

El arte de jugar y divertirse

Si algo he aprendido de mis gatas durante este año es la gran capacidad para  el juego que tienen. Les encanta entretenerse persiguiendo cosas, persiguiéndose entre ellas y jugar a juegos de atención y rapidez. Cualquier cosa puede ser un divertimento para ellas: una bolita de papel albal, un cordelito o una pelotita.

Qué importante es no perder la capacidad de jugar como adultos, de reírnos de la vida y de disfrutar cada paso del camino. El juego nos ayuda a ser más creativos, a reír y a conectar con nuestro niño interior y, estas habilidades, nos permiten tener una mayor salud emocional.

La habilidad de contemplar e investigar con curiosidad.

Los gatos son muy curioso y les gusta investigar y, aunque también son miedoso y suelen estar alerta, no por ello dejan de investigar. Investigan con sumo cuidado y delicadeza, se toman su tiempo para acercarse y analizar qué es aquello que tienen delante. Incluso cuando algo les ha producido un susto grande (como un ruido o un golpe), en primer lugar se alejan de ello, pero posteriormente siempre vuelven a investigarlo.

Qué gran aprendizaje nos reflejan aquí estos sabios animales. El miedo es necesario, pero aún así, no dejes de investigar, de acercarte de a poquitos a las cosas que te dan miedo. Curiosea, investiga y prueba a acercarte a diferentes cosas, situaciones y personas, nunca sabes lo que va a poder abrirse ante ti! Tómate tu tiempo y tu espacio, pero hazlo. Practicar una curiosidad sana e inteligente puede ser muy positivo para tu vida diaria.

El arte de descansar, relajarse y practicar el no hacer nada.

Si algo les agradezco a mis gatas es el gran regalo que me han hecho de aprender a descansar y no hacer nada. Los gatos disfrutan de momentos de contemplación absoluta, pueden pasarse oras al sol observando lo que les rodea, durmiendo o relajándose. Qué gran habilidad! Simplemente el estar cerca de ellas, poder acariciarlas y descansar un rato en el sofá siendo consciente de tu respiración o escuchando los sonidos del entorno, es más que terapéutico y necesario.

Cuánto puedes aprender observando a un gato. Te animo a que te permitas unos minutos al día, por pocos que sean, para contemplar el mundo, desconectar la mente, relajarte y descansar. Practicar el arte de no hacer nada es necesario para la toma de decisiones, la creatividad y el bienestar general físico y psicológico.

A defender el terreno.

Los gatos no suelen atacarse porque sí. No son animales belicosos, pero sí saben defender lo que consideran suyo, su terreno, su espacio. Defender lo que consideramos que nos pertenece o merecemos es un derecho. Sacara a nuestra guerrera o guerrero para defender lo que nos pertenece es lícito, saludable y empoderador. No es necesario estar siempre luchando, pero sí cuando es necesario.

He aprendido esta capacidad de mis gatas, observándolas. Es maravilloso ver cómo defienden su espacio cuando alguien quiere importunarlas o “robarles” lo que ellas han conseguido en primer lugar. No es necesariamente un ataque violento, sólo hace falta una mirada o un pequeño gesto para marcar un límite y que el otro respete. Sólo en caso de que el otro no entienda el mensaje, considerarán pasar a un ataque más explícito.

Aprendamos a defendernos cuando es necesario y a luchar por lo que queremos conseguir.

A Respetar los tiempos personales.

Qué importante es respetar los tiempos personales propios y ajenos. Mis gatas me han enseñado esto durante este año. Más no tiene porqué ser mejor, sino que a veces puede resultar invasivo. Mis gatas me han enseñado a respetar los tiempos personales, a no avasallar, a dejar que el otro venga a ti también, a que el otro tiene derecho a su espacio y que eso no es un rechazo hacia ti y a que generar un vínculo requiere tiempo, cariño, amor, confianza, aceptación del otro, respeto, comprensión y espacio.

Si aportas esos ingredientes a una relación, de seguro aumentarás las probabilidades de que sea fructífera, además de sentir una mayor libertad, autoestima y bienestar personal.

 

Beneficios de convivir con un gato

Reducción del estrés

Acariciar gatos reduce los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés). Se cree, también, que el contacto físico con gatos incrementa en humanos la producción de ondas tetha cerebrales, que habitualmente se producen en estados de relajación y calma profunda.

 

 

 

 

Inspiran emociones positivas

Los gatos son animales muy divertidos y con un punto de locura y espontaneidad que seguro te brindarán momentos de risas. Una encuesta realizada a 7000 personas en 2015 indicó que ver vídeos o fotografías de gatos suponía un incremento en las emociones positivas (felicidad, esperanza…) de la persona que los visualizaba, así como un aumento de sus niveles de energía.

Ronroneo sanador

Tras observar varios felinos domésticos y salvajes, se ha comprobado que el ronroneo se produce a una frecuencia de entre 20 y 140 Hz, siendo lo más habitual una frecuencia de 20-50 Hz en gatos domésticos. Parece ser que esta vibración sonora estimula la curación de tejidos, especialmente en lesiones que afectan a tendones y músculos. Asimismo, reduce el dolor y ayuda a incrementar la densidad ósea.

Protegen el corazón

Convivir con mascotas se ha asociado con la disminución del estrés, la reducción de la presión sanguínea y, por lo tanto, menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se ha podido comprobar que las personas que habían convivido con gatos tenían menor riesgo de sufrir infarto de miocardio que los que no vivían con felinos.

Mejora de la Salud Mental

Convivir con gatos reduce la ansiedad y es una ayuda extraordinaria para las personas que conviven con una depresión. La relajación de acariciar a un gato en tu regazo no sólo apacigua tu estrés. Se sabe que esa compañía tangible mejora el estado de ánimo y sirve como distracción positiva. Más allá de su compañía, las mascotas contribuyen a seguir una rutina, mantener la responsabilidad y la actividad social en personas con problemas de depresión y ansiedad.

 

 

 

Mejora de la Salud general

Evidentemente, la reducción del estrés, el aumento de la relajación y la tranquilidad, el amor que das y recibes y el efecto calmante y regenerador que ofrecen los gatos de manera general, aumenta la salud general. En un estudio llevado a cabo con casi un centenar de participantes, resultó que durante el primer mes tras la adquisición de una mascota (perro o gato), las personas daban puntuaciones mejores en un cuestionario de salud general comparado con las personas que no tenían mascota. En las personas con mascota hubo una reducción significativa en la incidencia de problemas de salud menores durante este periodo.

Función terapéutica en personas con Trastornos del Espectro Autista

El contacto físico con las mascotas incrementa los niveles de oxitocina, una hormona que está vinculada con el establecimiento de relaciones sociales, hormonona que estaría en niveles menores en niños con trastornos del espectro autista, según diversos estudios.

Se ha comprobado que el incremento de niveles de oxitocina disminuye las conductas repetitivas y mejora la habilidad de evaluar el significado emotivo de la entonación al hablar. Por otra parte, otro estudio reveló que los niños con trastornos del espectro autista que tenían mascota se sentían más tranquilos y se relacionaban con mayor facilidad.

 

 Ponga un gato en su vida

Si aún estabas dudando espero que después de este post te decidas a adoptar uno o dos gatitos o gatitas. Serán unos grandes maestros y compañeros de vida. Los gatos son animales mágicos y espirituales, que dan mucho amor y realmente piden muy poco a cambio. Adoptar un gato es un acto maravilloso y todos las enseñanzas y el amor que recibiréis a cambio, no tienen precio. 

 

 

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La presencia del agradecimiento

“Sé agradecido por lo que ya tienes mientras persigues tus objetivos. Si no estás agradecido por lo que ya tienes, ¿qué te hace pensar que serás feliz con más?” Roy T. Bennett.

El agradecimiento, ese maestro de vida

Hoy hablaremos de una actitud muy importante, desde mi punto de vista. El agradecimiento es un estado mental y emocional, que se traduce normalmente en el acto de dar las gracias, ya sea en voz alta o en silencio (para cada uno). Este acto tan sencillo y a la vez tan complicado de realizar con constancia, nos sitúa desde la humildad y la honestidad. No permite reconocer y valorar positivamente aquello que tenemos e incluso aquello que ya no tenemos pero tuvimos la suerte de tener. Nos permite aprender de todo lo vivido y agradecer cada una de las experiencias que vivimos, ya que son transformadoras. 

Cuando agradecemos tomamos conciencia, nos engrandecemos, nos liberamos, nos centramos en el amor y sobre todo en el momento presente.  En el agradecimiento no existen reproches, comparaciones, frustraciones ni envidias. Cuando nos situamos desde el agradecimiento conseguimos cambiar nuestro foco de atención de los aspectos desagradables a aquellos agradables que hay en nuestra vida. Cuando conseguimos cambiar el foco de atención, nuestra realidad se transforma.

Esta práctica nos permite estar atentos a las cosas buenas que nos pasan a lo largo del día, por pequeñas que sean. Cuando nos situamos desde ese estado de agradecimiento somos capaces de agradecer cualquier pequeña gran cosa. Como todo en la vida supone un entrenamiento y una constancia que, finalmente, se convierte en un automatismo. Podemos entrenar varias formas de agradecimiento:

  • Aceptación y valoración de nuestras experiencias (agradecimiento a al vida).
  • Agradecimiento a los otros.
  • Focalización en el autoagradecimiento.

Beneficios del agradecimiento

Se ha demostrado que poner en práctica la gratitud todos los días aumenta significativamente la felicidad y la salud física. Practicar la gratitud ayuda a dormir mejor, estimula la inmunidad y disminuye el riesgo de contraer enfermedades. ¿Qué más beneficios puede reportarnos estas agradecidos? Podemos mencionar algunos de los siguientes: 

  1. Nos sitúa en un mejor coloque para afrontar el día a día.
  2. Nos ancla al presente y nos permite afrontar los retos futuros con una mejor energía y predisposición.
  3. El autoagradecimiento refuerza y aumenta nuestra autoestima.
  4. Nos permite disfrutar de las cosas que ya tenemos, aprender de las experiencias pasadas y proyectarnos con mayor ilusión en el futuro.
  5. Nos ayuda a valorar más positivamente a las personas que tenemos alrededor.
  6. Aumenta los niveles de felicidad, incrementando la sensación de bienestar.
  7. Apertura mental y emocional hacia el mundo y hacia los otros.
  8. Reducción del miedo, frustración y el resentimiento.
  9. Aumenta la empatía y mejora nuestras relaciones, ya que nos aleja del ego y nos conecta con nosotros mismos, con la vida y con los otros.
  10. Cambia la frecuencia vibratoria de nuestro organismo: somos entre un 60% y un 80% agua. Según los estudios del del científico Japonés Masuto Emoto, se pudo comprobar como las palabras y menajes que decimos y pensamos influyen negativa o positivamente en la estructura molecular del agua. Conforme más practiques el agradecimiento, más cambios habrá en tu manera de pensar y sentir, reflejándose en cambios estructurales en el agua de tu cuerpo. Estos cambios harán que vibres en una frecuencia más alta y positiva, acorde con un mayor bienestar y un mejor coloque inicial para afrontar cualquier aspecto de tu vida.
  11. Aumenta nuestra capacidad de resiliencia, que es esa capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc.

¿Por qué nos cuesta en general agradecer?

De manera general, el ser humano está más preparado biológicamente para estar alerta y atento a los aspectos negativos o desagradables, como método de supervivencia. Es por ello que nos resulta más difícil focalizarnos en lo positivo o agradable que tenemos y/o nos pasa. Pero con un poco de conciencia y práctica, se puede conseguir y verás como cada vez sale más automático.

 

Incluso así, si investigas un poco, verás que en culturas que solemos mal llamar “subdesarolladas”, tienen una mayor cultura del agradecimiento. Agradecen a la tierra y al mundo por todo lo que les da, tienen incluso rituales de agradecimiento, agradecen lo poco que tienen para vivir y están bastante más conectados con sus emociones y su cuerpo de lo que podemos estar en occidente. Podríamos pensar desde nuestra cultura capitalista, que la gente que menos tiene deberían ser más infelices que nosotros.

Desde mi humilde opinión, creo que la sociedad que tenemos ahora tampoco nos garantiza una felicidad. Basta mirar el aumento de casos de insatisfacción, sufrimiento, ansiedad, depresión, infelicidad, número de suicidios y problemas de salud mental en general. Porque el agradecer y la capacidad de sentir felicidad no van unidos a mayores riquezas, sino a cómo vivimos y disfrutamos aquello que tenemos.

¿Cómo aumentar nuestra capacidad de agradecer?

A pesar de nuestra biología, podemos aprender a ser agradecidos. Con unos sencillos pasos puedes aumentar tu conciencia y tu predisposición hacia el agradecimiento. ¿Cómo hacerlo? Puedes empezar por alguna de estas tareas tan fáciles y sencillas:

  • Lleva un diario de gratitud: Escribe en un diario de gratitud todos los días. Haz notas rápidas.  Cualquier pensamiento o acción positiva cuenta, no importa lo pequeño que sea.
  • Usa señales de gratitud: Cualquier nuevo hábito necesita recordatorios, y las señales son una gran manera de seguir en camino. Utiliza fotos de momentos agradables, de personas que quieres, logros conseguidos, etc. Utiliza esas señales en los sitios donde más falta te hagan.
  • Guardar un momento para ser agradecido: Si escribir te da más pereza, puedes guardarte un momento al día para agradecer. Por ejemplo, puedes guardarte 5 minutos antes de acostarte o nada más levantarte.
  • Alarmas de gratitud: ponte alarmas distribuidas a lo largo del día, donde te recuerdes que ha llegado un momento de focalizar en el presente y preguntarte qué está pasando en este momento por lo que pueda ser agradecido.
  • Utilizar, valorar y disfrutar aquellas cosas que ya tienes: Reducir el número de nuevas adquisisiones y disfrutar de aquellas que ya compraste o tienes y no utilizas o ni sabías que tenías. Focalizarnos en adquirir siempre más cosas nos aleja de ese estar bien con lo que ya tengo. Eso no significa que o podamos aspirar a nuevas cosas, sólo que le añadiremos un poco de conciencia y aprenderemos a ser felices desde dentro y no desde fuera.
  • Comienza por ti mismo: Sé consciente de tus potencialidades, de lo que ya haces bien, de la cantidad de cosas que tu cuerpo y tu mente hacen a diario. Agradece a tu cuerpo su propio funcionamiento, agradece tus potencialidades y mira cómo éstas pueden ayudarte a desarrollar futuros proyectos.

Haz del agradecimiento tu compañero de viaje

La meta de estos ejercicios es pasar de pensar en la gratitud ocasionalmente a hacerlo en forma automática. Con el tiempo, reducirás tu umbral de gratitud y estarás agradecido por las pequeñas cosas, y aprenderás a poner un poco de gratitud a lo largo del día.

Te animo a que encuentres aunque sea una sola cosa por la que estar agradecido cada día. Poco a poco irás entrenando a tu mente a cambiar el foco para poder inclinarse también a ver las cosas positivas y agradables que nos pasan cada día. Podrás vivir más presente, aceptando, disfrutando y aprendiendo de todo aquello que la vida nos da, lo que ya tenemos y lo que somos.

Viajar con el agradecimiento como compañero no evitará que te ocurran imprevistos o incluso cosas desagradables, pero sí te permitirá vivirlas con un nuevo enfoque. Estando más presente podrás evaluar las cosas de otra manera y, por lo tanto, solucionarlas más efectivamente.

 

 

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¿Por qué no aprendo?

Buenos días! Hoy quería compartir esta noticia que me ha llamado mucho la atención. Me ha parecido muy interesante ya que es algo que, en mi día a día en mi experiencia acompañando a personas, veo en muchas ocasiones.

Parece ser que la impulsividad reduce las posibilidades de aprender de las experiencias ocurridas. Las adicciones así como los trastornos de la personalidad son un perfecto ejemplo de esta dificultad de aprendizaje. Por lo tanto, tareas como la toma de decisiones o la gestión emocional, las cuales necesitan del procesamiento de estímulos, el recuerdo e integración de experiencias anteriores, predicción de consecuencias,etc.; se encontrarán seriamente afectadas en personas que se caracterizan por una alta impulsividad. En la mayoría de situaciones siempre prevalecerá lo inmediato.

Esta noticia me ha llevado a pensar en que la sociedad actual no favorece para nada la gestión de los impulsos. Cada vez es todo mucho más rápido e inmediato, haciendo muy difícil demorar la recompensa. Por ello depende de nosotros encontrar la manera de retarnos, de poder parar el ritmo frenético, de tomar conciencia de nuesteo cuerpo y nuestra mente y de aprender a tomarnos nuestro tiempo para disfrutar las cosas, tiempo para tomar decisiones equilibradas, para escucharnos y para gestionar nuestras emociones. Sólo así podremos sentirnos más equilibrados y aumentaremos nuestro bienestar.

Lo importante es que siempre que se quiera, poniendo constancia y conciencia, el cerebro puede aprender en mayor o menor medida a gestionar los impulsos, a equilibrar las emociones y a poder estar situados en un mejor coloque para tomar mejores decisiones.

Os dejo esta noticia de psyciencia para que podáis reflexionar al respecto.

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¿Y si escuchamos al miedo?

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”. 

Tito Livio, historiador romano.

¿Quién no ha tenido miedo alguna vez? Inevitable, ¿verdad? El miedo es una emoción de las consideradas primarias, de esas que nos acompañan desde tiempos inmemoriales. Es de esas emociones que nos ayudan a sobrevivir, previniendo y huyendo de los peligros. Por lo tanto es una emoción totalmente necesaria e imprescindible para la evolución del ser humano. El problema del miedo no reside en él, sino en la interpretación que los seres humanos hacemos del propio miedo y de sus síntomas físicos, de la evaluación de los estímulos externos y/o internos como peligrosos y de los conceptos y teorías que formamos alrededor de él.

Las sensaciones físicas y su interpretación

Desde que nacemos utilizamos las sensaciones físicas para relacionarnos con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos. Tenemos muy pocas distinciones, hasta el punto de poder reducirlas a cuatro: placer/displacer y calma/agitación. Para que se dé una emoción dos cosas han de pasar como mínimo:

  • Hemos de identificar algo en el mundo (interno o externo).
  • Reconocer esa experiencia en nuestro cuerpo, es decir, experimentar las sensaciones físicas que ello provoca en nosotros.

Posteriormente, un paso también importante será tener sensaciones a cerca de nuestras propias sensaciones. Ello tendrá el objetivo de que determinada conducta se repita, como por ejemplo comer. Cuando experimentamos la sensación física de hambre, el siguiente paso lógico será tener una sensación al respecto de esa sensación física, por ejemplo desagradable.  Sólo así nos moveremos hacia conseguir comida. Además añadimos más sensaciones, ya que al comer algo que está bueno, desarrollamos también la sensación de gustoso, agradable, etc.; que aumentará la probabilidad de comer en un futuro cuando experimentemos la sensación de hambre.

¿Es posible que construyamos nuestras emociones?

Si os fijáis en el ejemplo anterior, es algo que hacemos casi automáticamente. Aunque, si nos tomamos un tiempo para diseccionarlo, se puede ver toda una cadena donde interpretamos, conceptualizamos y conectamos sensaciones físicas a determinados estímulos, recordando experiencias pasadas y estímulos anteriores parecidos. También imaginamos diferentes posibilidades y probabilidades, generando diferentes emociones al respecto.

Las emociones parece que aparecen así de la nada, pero siempre hay un proceso, por rápido y automático que parezca, de construcción y de creación de la emoción. Para generar una emoción nuestro cerebro tira de experiencias y asociaciones pasadas, de conceptos e incluso de la probabilidad. Como tal, por lo tanto, el miedo también es algo que creamos. Asociamos sensaciones físicas a estímulos, generamos etiquetas y conceptos, establecemos relaciones a veces erróneas de causa-efecto (cuando en ocasiones sólo hay correlación), recordamos experiencias pasadas similares y predecimos en base ellas. Por supuesto también imaginamos miles de posibilidades cada cual peor y más catastrófica.

¿Podemos ser conscientes de ese proceso de construcción?

Si nos paramos a escuchar, generalmente no estamos reaccionando a la situación, si no que reaccionamos a la interpretación de  la situación, a la construcción que hemos hecho. La situación simplemente ES, y si nos paramos a describirla, sin juzgarla, sin atender de momento a toda esa construcción que hemos realizado, la intensidad del miedo se reduce considerablemente, así como la sensación de parálisis, bloqueo o ganas de huir. Si intentamos ver aquello a lo que estamos reaccionando en términos descriptivos y analizamos qué es lo que requiere esa situación de mí, todo es mucho más sencillo.

Lo que el miedo nos quiere decir

El miedo que no responde a un peligro real para la supervivencia, simplemente me está informando de varios aspectos:

  1. Aquello hacia lo que estoy reaccionando es nuevo y nunca lo he hecho o experimentado, así que quizá requiera de mí unos recursos que creo que no tengo o que, efectivamente, no tengo todavía desarrollados.
  2. Es similar a algo que ya me ha pasado anteriormente y sobre lo que no tengo un buen recuerdo.
  3. Puede tener consecuencias negativas si no se desarrolla efectivamente.
¿Qué hacer ante esto?
  • Primero de todo es ser conscientes de a qué estamos reaccionando, qué mensaje se esconde detrás de mi emoción de miedo. Profundizar en el verdadero origen de mi miedo, hablar con él y escucharlo.
  • En segundo lugar, analizar qué estoy haciendo yo activamente para construir ese miedo intenso a algo que, aparentemente, no es una amenaza para mi supervivencia. Qué lenguaje estoy utilizando, qué asociaciones estoy haciendo y qué etiquetas y conceptos estoy utilizando. Es útil percibir cómo estoy interpretando mis señales físicas y averiguar si habría otra manera de hacerlo. Importante también atender a qué estoy imaginando.
  • Analizar qué recursos requiere de mí esta nueva situación. Si realmente los tengo, no hay de qué preocuparse. Por el contrario, si no los tengo, siempre puedo ponerme a trabajar para desarrollarlos.
  • Diseccionar aquello ante lo que estamos reaccionando en partes pequeñas y empezar a trabajar en aquella parte que menos miedo me genera. Ir andando pasos medibles, pequeños y lo más seguros posible. De esta manera iremos ganando confianza y recursos que nos permitirán ir avanzando.
  • Reflexionar sobre qué expectativas, presiones y exigencias me estoy autoimponiendo. A veces queremos que algo salga perfecto desde el primer momento o queremos resultados rápidos, tener todos los recursos ya adquiridos. Rebajar todo esto hace que sea mucho más fácil emprender la tarea.
  • ¿Quizá estoy asociando la no consecución de mi objetivo con el fracaso? Si es así, trabajar en qué aspectos puedo yo hacer activamente para aumentar la probabilidad de que mi objetivo sea llevado a cabo. Trabajar en aquello que si depende de ti. Recuerda que cuando algo no sale como esperábamos, no es una derrota. Siempre hay un aprendizaje detrás.
  • Si, efectivamente, la no consecución de un objetivo o meta puede llevar a consecuencias negativas, está bien tenerlas en cuenta y revisar qué opciones puedo tener en caso de que no consiga mi objetivo. ¿Es esa consecuencia tan grave como para no poder solucionarse si hago algo activamente? Si la respuesta es “no, no es tan grave. Tengo opciones.”, entonces vale la pena seguir adelante. Pero ¡cuidado!, si la respuesta es “sí, es grave y además no depende sólo de lo que yo pueda hacer.”, quizá sea un buen momento para replantear el objetivo, quizá no para abandonar, pero sí para re elaborarlo de una manera más ecológica, reduciendo las consecuencias negativas.
¿Puede el miedo ayudarnos?

Recordemos que el miedo es sabio y hace un gran trabajo: nos avisa de todo aquello que podría salir mal, no para que nos bloqueemos sino para que investiguemos, analicemos, describamos, creemos alternativas, inventemos, actuemos, prevengamos, desarrollemos nuevas aptitudes y actitudes y, sobre todo, para que crezcamos como personas.

El miedo sólo quiere ayudarnos a activarnos y tomar la mejor decisión posible para nosotros. Dicen que todo lo que siempre hemos querido está al otro lado del miedo. Cuando algo es importante para nosotros, ¡claro que aparece el miedo! Hagámosle nuestro amigo, nuestro aliado y pepito grillo, pero no le demos más peso del que realmente tiene. Al miedo, como buen especialista en riesgos, le gusta ser tremendista y catastrófico, es experto en generar miles de posibilidades nefastas. Está bien, quedémonos con aquello que nos es útil, con lo que tiene mayores probabilidades de ocurrir y a partir de ahí preguntémonos: “¿Qué puedo hacer yo activamente para reducir mi miedo?”.

¿Se debe eliminar el miedo?

Si os dais cuenta, en ningún caso hablamos de eliminar el miedo, sino de reducirlo hasta tal punto que me permita seguir caminando hacia lo que es importante para mí. NUNCA debemos eliminar el miedo, es un buen consejero, pero sí es interesante y necesario aprender a modularlo, convivir con él y, como buen consejero, quedarnos con aquello que nos sirve y desechar lo que no.

Como dijo Nelson Mandela “la persona valiente no es aquella que no tiene miedo, sino la que consigue conquistarlo”. Me gusta mucho la frase “hazlo, y si te da miedo hazlo con miedo”, aunque yo puntualizaría que si tienes miedo de hacer algo que es importante para ti, primero para, escucha, deconstruye, construye, reconduce y empieza por el primer y más pequeño paso posible. Seguramente si es importante lo harás con miedo, pero con uno manejable.

¿Te atreves a emocionARTE?

 

¡Tú no eres tu trastorno mental!

En el examen de la enfermedad ganamos sabiduría sobre la anatomía, la fisiología y la biología. En el examen de la persona con enfermedad mental, ganamos sabiduría sobre la vida“.

Oliver Sacks

Tú no eres tu trastorno. Cuántas veces habré dicho esto en terapia, y no me canso de decirlo. Esta semana una de las personas con las que hago terapia trajo una foto de un mural que había visto en su universidad con la frase “tú no eres tu enfermedad mental”. Le hizo gracia la foto porque fue algo de lo que habíamos hablado en las primeras sesiones juntos, y le caló. Todo ello vino a colación de algo que habíamos estado hablando en la sesión. Esta persona me contaba cómo le duele que la gente utilice palabras como “bipolar” de una manera arbitraria y peyorativa para referirse a personas con una personalidad muy cambiante.

Esto nos dio para reflexionar largo y tendido sobre el desconocimiento por parte de la gente del mal uso que se hace de términos psiquiátrico y psicológicos. Ya después en casa, seguí pensando en todo esto y me di cuenta de que, normalmente, este uso arbitrario y con un cariz negativo, lo utilizamos con términos referidos a problemas de salud mental o trastornos psicológicos y/o neurológicos, pero no tanto para enfermedades físicas. Incluso pude ver que un pasado (y alguna vez actualmente cuando estoy en piloto automático) yo misma he podido llegar a utilizar expresiones poco acertadas. Leer más

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