¡Tú no eres tu trastorno mental!
“En el examen de la enfermedad ganamos sabiduría sobre la anatomía, la fisiología y la biología. En el examen de la persona con enfermedad mental, ganamos sabiduría sobre la vida“.
Oliver Sacks
Tú no eres tu trastorno. Cuántas veces habré dicho esto en terapia, y no me canso de decirlo. Esta semana una de las personas con las que hago terapia trajo una foto de un mural que había visto en su universidad con la frase “tú no eres tu enfermedad mental”. Le hizo gracia la foto porque fue algo de lo que habíamos hablado en las primeras sesiones juntos, y le caló. Todo ello vino a colación de algo que habíamos estado hablando en la sesión. Esta persona me contaba cómo le duele que la gente utilice palabras como “bipolar” de una manera arbitraria y peyorativa para referirse a personas con una personalidad muy cambiante.
Esto nos dio para reflexionar largo y tendido sobre el desconocimiento por parte de la gente del mal uso que se hace de términos psiquiátrico y psicológicos. Ya después en casa, seguí pensando en todo esto y me di cuenta de que, normalmente, este uso arbitrario y con un cariz negativo, lo utilizamos con términos referidos a problemas de salud mental o trastornos psicológicos y/o neurológicos, pero no tanto para enfermedades físicas. Incluso pude ver que un pasado (y alguna vez actualmente cuando estoy en piloto automático) yo misma he podido llegar a utilizar expresiones poco acertadas.
Pensé en ejemplos que pongo yo a la gente en las sesiones para ilustrar precisamente ese tema. Parece que incluso las personas que conviven con una enfermedad mental, llegan con el estigma social y la sensación de que la enfermedad lo es todo en su vida. Habitualmente les pregunto que cómo se presentan ellos cuando conocen a alguien, si, por ejemplo, se presentan como: “hola soy depresivo” o “hola soy Trastorno Obsesivo Compulsivo” o si, por el contrario, se presentan diciendo su nombre. También les pregunto si se imaginan a una persona que conviva con un cáncer presentarse como: “hola soy una cancerosa”, ¿verdad que no?
No somos nunca nuestra enfermedad, somos una persona que convive con una enfermedad. La enfermedad es sólo una parte más de nosotros, pero somos mucho más. Somos seres humanos con muchas potencialidades, recursos y aspectos positivos, así como también somos nuestros aspectos a mejorar, nuestra historia de vida y nuestras experiencias. Es importante huir de las etiquetas, ya que si no lo otorgamos más poder a la enfermedad del que realmente tiene, nos identificamos con ella y acaba por limitarnos al fin y al cabo.
Pero precisamente nuestro vocabulario muestra cuán estigmatizada ha estado (y sigue estando) la enfermedad mental. No he oído nunca a nadie llamar a las personas que conviven con un cáncer, cancerosos. “Ah mira es María la cancerosa” o “Mira por ahí va Pedro el infartado” ¿verdad que no se nos ocurriría hablar así? pero sí que he escuchado hablar de autistas, esquizofrénicos, adictos (o mucho pero, yonkis), depresivos, bipolares, hiperactivos, histéricas, etc.
Y no es que lo hagamos con la intención de ofender, creo que en la mayoría de los casos en un tema de economía lingüística, pero hemos de empezar a ser conscientes del estigma que se establece y la etiqueta que estamos poniendo, además de que nunca sabemos si alguien que nos esté escuchando convive realmente con alguna enfermedad mental o trastorno neurológico y podemos hacer daño.
Estamos utilizando de manea laxa términos muy serios para referirnos a determinadas conductas o maneras de ser de alguna persona, que distan mucho de ser una enfermedad. En otros países se toman mucho más en serio el corregir a las personas cuando utilizan términos de este tipo erróneamente. Considero que se están haciendo muchos y positivos avances, pero aún queda mucho camino por recorrer. Se debe realizar un trabajo de psicoeducación donde pasemos a hablar de personas que conviven o personas que tienen “x” trastorno porque, no es lo mismo convivir con o tener una depresión que ser un depresivo.
Desde mi punto de vista en la primera expresión estamos reconociendo al ser humano, la persona es un individuo que convive con una enfermedad, la cual puede aprender a conocer, gestionar y conseguir que las limitaciones y consecuencias negativas sean las mínimas posibles. Digamos que la persona tiene un papel activo en la convivencia con el trastorno. Sin embargo, en la segunda opción, la persona ES, parece que la desdibujamos y sólo aparece la enfermedad, como algo que estuviese tatuado y que no puede ser alterado por el aprendizaje, el ambiente, el tratamiento, etc. Es como si habláramos del color de ojos o de piel, donde la persona no tiene control. Pasamos a un papel más activo y desesperanzador de la persona.
Propongo reflexionar sobre el uso que hacemos del lenguaje y empezar a tratar a las personas como lo que son, sin necesidad de etiquetarlas en una enfermedad. Y como bien refleja la cita de Oliver Sacks, para mí es un placer poder trabajar con personas que conviven con diversos tipos de enfermedades, ya que siempre aprendo de su fortaleza, de su modo de ver la vida, de sus potencialidades y recursos, de su resiliencia y de su capacidad de continuar viviendo con las menores limitaciones posibles, conviviendo con una enfermedad que, en muchas ocasiones, es complicada y deviene un numerosas consecuencias negativas tanto para la persona como para su entorno.
Conozcamos a las personas por lo que son y no por los trastornos con los que conviven. Aprendamos a no juzgar y a no mirar a alguien a través de una etiqueta porque, al fin y al cabo, todos somos susceptibles de ser juzgados y todos podemos juzgar. Todos tenemos cosas que mejorar, problemas y rasgos de múltiples trastornos mentales (sino abre un manual diagnóstico y empieza a leer, ya verás como te identificas con parte de muchos diagnósticos).
Yo siempre digo que nunca se sabe qué puede pasar con nuestra salud mental y que algún día podemos estar nosotros conviviendo con algún trastorno, así que ¿Por qué no empezar por hablar respetuosamente y sin juicios? ¿Por qué no empatizar? Empecemos por construir un lenguaje más inclusivo y respetuoso ya que, con el lenguaje empiezan mucha parte de los cambios sociales importantes.
Recuerda: tú no eres tu trastorno mental. Eres una persona con muchos rasgos y cualidades y, entre ellos, un trastorno mental. No dejes que un trastorno mental te defina como persona, tú eres mucho más.




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