FrustARTE, esa capacidad poderosa

Si te caes siete veces, levántate ocho.”

Proverbio Chino.

Qué poderosa herramienta es la frustración. Puede que suene extraño ver juntas dos palabras como “poderosa” y “frustración”, pero espero que cuando acabes de leer este post, tengas tan claro como yo lo beneficios que tiene el aprender a frustrarnos adecuadamente.

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¡Tú no eres tu trastorno mental!

En el examen de la enfermedad ganamos sabiduría sobre la anatomía, la fisiología y la biología. En el examen de la persona con enfermedad mental, ganamos sabiduría sobre la vida“.

Oliver Sacks

Tú no eres tu trastorno. Cuántas veces habré dicho esto en terapia, y no me canso de decirlo. Esta semana una de las personas con las que hago terapia trajo una foto de un mural que había visto en su universidad con la frase “tú no eres tu enfermedad mental”. Le hizo gracia la foto porque fue algo de lo que habíamos hablado en las primeras sesiones juntos, y le caló. Todo ello vino a colación de algo que habíamos estado hablando en la sesión. Esta persona me contaba cómo le duele que la gente utilice palabras como “bipolar” de una manera arbitraria y peyorativa para referirse a personas con una personalidad muy cambiante.

Esto nos dio para reflexionar largo y tendido sobre el desconocimiento por parte de la gente del mal uso que se hace de términos psiquiátrico y psicológicos. Ya después en casa, seguí pensando en todo esto y me di cuenta de que, normalmente, este uso arbitrario y con un cariz negativo, lo utilizamos con términos referidos a problemas de salud mental o trastornos psicológicos y/o neurológicos, pero no tanto para enfermedades físicas. Incluso pude ver que un pasado (y alguna vez actualmente cuando estoy en piloto automático) yo misma he podido llegar a utilizar expresiones poco acertadas. Leer más

El perdón. ¿Qué ocurre cuando nos aceptamos?

El perdón es un regalo silencioso que dejas en el umbral de la puerta de aquellos que te hicieron daño”.

Robert Enright

El perdón, ese acto tan difícil de llevar a cabo, al que tanto respeto le tenemos y que genera tantas preguntas y reticencias. ¿Por qué nos cuesta tanto perdonar y perdonarnos? Es difícil porque dentro de ese “simple” acto, entran en juego muchas variables, como el ego, el miedo, las exigencias, las auoexigencias, el contexto, el estado de ánimo, las expectativas, la necesidad de tener control sobre el otro y sobre el mundo y una serie de creencias instauradas sobre cómo debería el otro, yo mismo y el mundo.

Es complicado perdonar cuando nos han herido o perdonarnos cuando nos juzgamos y estamos seguros de haber hecho algo irremediablemente dañino. Cuántas veces en terapia he escuchado esto de: “es que no se merece que le perdone”, “es que yo no quiero olvidarme de lo que hizo” o “¿para qué perdonarle, para que se sienta mejor?”. El general, existe la creencia de que cuando perdonamos, lo hacemos para que el otro se sienta mejor, para liberarlo. Sin embargo, el perdón no tiene que ver con que el otro se sienta mejor, sino que es un verdadero acto de amor propio, de autocuidado, de decidir de dejar de vivir en el pasado, de soltar peso y liberarnos. Perdonamos para sentirnos mejor y no por el otro.

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La adicción, ¡la herramienta más cara del mundo!.

La persona que tiene una adicción busca en los lugares equivocados, pero va detrás de algo muy importante, y no podemos permitirnos ignorar el significado de esa búsqueda”.

Deepak Chopra

 

Hace más de 10 años que me dedico al acompañamiento de procesos de deshabituación. Es más, fue con 14 años cuando supe que quería estudiar psicología para poder ayudar a personas que sufrían adicciones.Tras 10 años de ejercicio profesional nunca he dejado de aprender ni de maravillarme con la capacidad de cambio del ser humano y me considero una privilegiada por poder ver qué se esconde detrás de una adicción. Hoy comienzo con este post general e introductorio a cerca de las adicciones. Posteriormente iré ampliando con información específica.

Si somos capaces de mirar más allá de lo evidente la adicción nunca es el problema, es una consecuencia, un síntoma de un sufrimiento mucho más profundo, una herramienta para “afrontar” determinados aspectos y/o para evitar otros. De hecho, en numerosas ocasiones de lo que menos se habla en las sesiones suele ser de la conducta adictiva en sí, sino de qué hay detrás de la misma, su utilidad, qué mecanismos entran en juego para que se siga dando, etc.

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Las conductas adictivas, ¡un laberinto con múltiples salidas!

Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo, yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla”.

Eric Clapton

Como ya comentamos la semana pasada, realizar una conducta es una decisión, pero no lo es que esa conducta acabe convirtiéndose en una adicción. De este modo, ¿quién en su sano juicio decidiría desarrollar una adicción? Evidentemente la persona decide realizar esa conducta susceptible de poder convertirse en adictiva, pero el ser humano tenemos una gran confianza en nuestras capacidades. ¿Os suena esa frase de “yo controlo”? Como bien dice la cita de Eric Clapton, uno siempre piensa que no va a engancharse, que es más fuerte que todo eso. Pero la adicción no negocia, aparece paulatinamente y, cuando la persona se da cuenta, está metida en un laberinto, en el que no sabe cómo ha entrado y del que tampoco sabe salir.

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La difícil tarea de elegirse

«Aquel que lo piensa mucho antes de tomar una decisión, se pasará toda su vida sostenido en un solo pie»

-Proverbio Chino-

Estas semanas no sabía muy bien qué escribir, estaba bloqueada. Sin embargo, cuando abrí los ojos pude ver tanto en mí como en otras personas cercanas a mí, elecciones personales tan difíciles de realizar como necesarias para el bienestar, la paz interior y la coherencia existencial. Me dije que esto era de lo que tenía que hablar esta semana: el acto de priorizarse, de elegirse.

Qué difícil es ponerse uno mismo primero de la lista. Reflexionando me di cuenta que parte de esa dificultad viene dada por la educación y las creencias instauradas al rededor del concepto de que pensar en uno mismo es ser egoísta. Cuántas veces habremos oído eso de que el que piensa en sí mismo es egoísta. Al menos en la cultura española ha primado la idea de que aunque fuera dañino para uno mismo, si era buena para los demás había que hacerlo. Hemos vivido más en el aparentar y sufrir por dentro que en el establecimiento sano de límites y el autocuidado. Evidentemente esto marca una cultura y una educación, con sus consiguientes creencias bien arraigadas, las cuales pueden resultar limitantes y muy dañinas para el bienestar de la población.

¿Cuál sería desde mi punto de vista la principal diferencia entre priorizarme y ser egoísta? Priorizarme es ser consciente de que mi bienestar es esencial para poder estar a gusto con uno mismo y por lo tanto primordial para estar a gusto con los demás y relacionarnos desde la autenticidad y la plena libertad. Es cierto que al priorizarme yo se derivan consecuencias que para otra persona pueden no ser de su agrado, pero en mi decisión no está el perjuicio de los demás, sino mi bienestar y mi coherencia personal.

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¿Nos desapegamos del apego?

“Si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprenderemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos aferramos a él”.
Matthieu Ricard

¿Acaso el apego no es necesario? Evidentemente que sí. Necesitamos el apego para vincularnos con otros, para desarrollarnos como personas en nuestras primeras etapas de la vida. Desde la teoría del apego se define como ese vínculo afectivo intenso que nos permite buscar al otro sobre todo en los momentos de amenaza, ya que nos proporciona seguridad y protección. El primer apego surge con nuestras figuras de referencias (madre, padre o la persona o personas que realicen las funciones de cuidado), y es necesario para crear una imagen mental de cómo es el mundo, construir nuestra identidad, autoimagen y nuestras relaciones con los otros.

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