La difícil tarea de elegirse
«Aquel que lo piensa mucho antes de tomar una decisión, se pasará toda su vida sostenido en un solo pie»
-Proverbio Chino-
Estas semanas no sabía muy bien qué escribir, estaba bloqueada. Sin embargo, cuando abrí los ojos pude ver tanto en mí como en otras personas cercanas a mí, elecciones personales tan difíciles de realizar como necesarias para el bienestar, la paz interior y la coherencia existencial. Me dije que esto era de lo que tenía que hablar esta semana: el acto de priorizarse, de elegirse.
Qué difícil es ponerse uno mismo primero de la lista. Reflexionando me di cuenta que parte de esa dificultad viene dada por la educación y las creencias instauradas al rededor del concepto de que pensar en uno mismo es ser egoísta. Cuántas veces habremos oído eso de que el que piensa en sí mismo es egoísta. Al menos en la cultura española ha primado la idea de que aunque fuera dañino para uno mismo, si era buena para los demás había que hacerlo. Hemos vivido más en el aparentar y sufrir por dentro que en el establecimiento sano de límites y el autocuidado. Evidentemente esto marca una cultura y una educación, con sus consiguientes creencias bien arraigadas, las cuales pueden resultar limitantes y muy dañinas para el bienestar de la población.
¿Cuál sería desde mi punto de vista la principal diferencia entre priorizarme y ser egoísta? Priorizarme es ser consciente de que mi bienestar es esencial para poder estar a gusto con uno mismo y por lo tanto primordial para estar a gusto con los demás y relacionarnos desde la autenticidad y la plena libertad. Es cierto que al priorizarme yo se derivan consecuencias que para otra persona pueden no ser de su agrado, pero en mi decisión no está el perjuicio de los demás, sino mi bienestar y mi coherencia personal.
Por ejemplo, imaginemos que en una familia son tres hermanos cuya madre está enferma y ya no puede vivir sola. Uno de los tres hermanos no tiene un trabajo remunerado, aunque sí que trabaja mucho dentro de casa. Los otros dos hermanos ven más cómodo y práctico que éste se ocupe de cuidado de su madre, ya que no tiene nada que hacer. En un principio este hermano acepta porque le sabe mal, porque bueno es verdad que no trabaja y además, qué pensarán si dice que no le parece bien? pero al cabo de unos meses empieza a notar e cansancio mental y físico, todo el peso recae sobre su espalda y cada vez le es más complicado compaginar la atención a su familia con el cuidado de su madre. Empieza a encontrarse mal y decide priorizar su bienestar y a su familia, así que decide poner un límite y reunirse con sus hermanos. Les comunica que esto no puede seguir así y que han de dividirse el cuidado de su madre por meses. Evidentemente la decisión de este hermano, no sienta bien a los otros dos, los cuales van a tener que hacer cambios. Claramente para ellos es un prejuicio, pero la intención de este hermano no es causar ningún prejuicio, sólo está poniendo un límite sano para su salud física y mental.
Sin embargo, ser egoísta supone buscar siempre mi interés personal, sin importarme las consecuencias o lo que tenga que hacer para conseguirlo. Normalmente esa búsqueda suele acarrear perjuicios personales a terceros. Por ejemplo, en mi empresa yo quiero aspirar al puesto de encargada que ahora realiza una compañera. Para conseguirlo no dudo en dejar mal a mi compañera siempre que tengo ocasión, incluso puedo inventar rumores con respecto a ella sobre lo vaga o mala trabajadora que es, crear malentendidos, etc. Finalmente mi compañera pide una baja por ansiedad y a mí me ponen en su lugar. Estaría siendo una persona egoísta, que hace o que sea para conseguir un interés personal y en mi conducta está implícito el causar perjuicio.
¿Vemos claramente la diferencia, verdad? Por desgracia no se nos ha educado así. Pensar en uno miso siempre ha sido sinónimo de egoísmo y trae consecuencias como la culpabilidad y el sentirse mala persona entre otras. Tampoco se ha invertido el tiempo suficiente en enseñarnos a poner límites saludables, a valorarnos apropiadamente y a ser conscientes de que, si nosotros estamos mal o no nos valoramos, no podemos estar bien con nadie ni esperar que los demás nos valoren. Con este panorama normal que nos cueste tanto pensar en nosotros mismos y priorizarnos, elegirnos, al fin y al cabo.
Elegirnos no ha de significar necesariamente rechazar al otro o abandonarlo, pero sí que significa poner límites saludables en la relación, hacerme valer, relacionarme desde la autenticidad de quién soy yo y poder estar cómoda y libremente en dicha relación. Elegirnos significa ser firmes en nuestras decisiones y límites, cuidarnos, ser respetuosos para con nosotros mismos y priorizar nuestro bienestar por encima de lo demás.
Evidentemente, elegirse no es un acto exento de dolor. En ocasiones elegirnos supone alejarnos de algo o de alguien a quien queremos porque nos está haciendo daño seguir ahí, porque estamos dando mucho más de lo que recibimos, porque quedarme ahí supone un desgaste físico, mental y emocional demasiado grande para continuar sosteniéndolo. A veces elegirse es buscar espacios para mí mismo dentro de la locura de la semana sin sentirme culpable, es cambiar algo que ya no me gusta de una relación para poder seguir estando en ella de manera saludable, es decir hasta aquí para protegernos, etc. Por suerte o por desgracia sólo con el querer no es suficiente, puedo querer algo o a alguien mucho, pero puede que no sea lo que necesito o donde necesito estar para mi bienestar y crecimiento personal. Puede incluso que mantenerme ahí genere repercusiones en otras áreas de mi vida y/o con otras personas que también son importantes.
Entonces llega el momento en el que hay que calibrar qué estoy dando yo y qué estoy recibiendo, si merece la pena seguir ahí, o seguir ahí de la misma manera o si por el contrario, he de hacer algunos cambios siempre buscando mi bienestar y la coherencia. Al fin y al cabo, tú eres la persona con la que vas a pasar el resto de tu vida, ¿no merece la pena que nuestro bienestar sea lo más importante? ¿no merece la pena dedicar algo de tiempo a encontrar espacios de autocuidado y de priorización? Yo creo que sí!
Además elegirnos también le da la oportunidad al otro de hacer sus propios cambios, es una actitud de generosidad hacia mí mismo y hacia le otro. Elegirse es un acto de empoderamiento colectivo, ya que como sistemas que son las relaciones, mi cambio también influye en el otro y viceversa.
¿Cómo podemos facilitar el acto de elegirnos a nosotros mismos? Algunos de los aspectos en los que sería bueno trabajar son:
- Es necesario primero desmontar etiquetas que han sido mal entendidas, como la de priorizarse es igual a egoísmo, ser mala persona o abandonar al otro.
- Se ha de trabajar la autoestima y las acciones de autocuidado.
- Trabajar una actitud mucho más proactiva hacia la vida, sabiendo que tenemos el poder de cambiar muchas cosas. Salir de la resignación para entrar en la aceptación, para desde ahí poder empezar a realizar pequeños cambios.
- Trabajar en reducir el “me sabe mal” , “¿qué pensarán de mí? y el sentimiento de culpa, traduciéndolo a “sólo yo soy responsable de mi propia felicidad”, “no puedo contentar a todo el mundo”.
- Trabaja de construcción de nuevas creencias más adaptativas y saludables.
- Trabajo de coherencia vital, es decir, tener claro dónde quiero ir, dónde quiero estar, con quién quiero caminar mi vida, qué sentimientos quiero cultivar, etc. y desechar todo lo que no sea coherente con ello.
- Empezar por buscar espacios para estar con uno mismo, hacer cosas que nos gustan, estar a solas y buscar espacios para la reflexión y la autosupervisión (¿estoy dónde y cómo quiero estar?).
- Saber que el dolor de tomar la decisión no será eterno. Habrá momentos de dolor y tristeza, que posteriormente irán cambiando hacia otras emociones y estados, propicios para el autodescubrimiento y desarrollo personal.
En general requiere de un trabajo personal importante empezar a elegirse y a priorizarse. Es un trabajo personal que merece la pena, ya que nos hace más libres y auténticos. Permite que si no podemos estar aún dónde queremos con quién queremos, al menos no estemos dónde no queremos ni con quién no queremos estar (mucho más importante en ocasiones).
Este nuevo coloque nos dará el punto de salida para caminar hacia lo que queremos y hacerlo desde un nuevo bienestar personal y una mayor coherencia. Como dice la cita inicial “cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen más fáciles”. No sé si serán más fáciles o no, pero sí que sé una cosa y es que, cuando nos elegimos sabemos que tenemos que tomar la decisión sí o sí, cueste lo que cueste y duela lo que duela. Tomamos la decisión para amarnos, cuidarnos y respetarnos, por y para nuestra salud.
Así que sí, merece la pena elegirse. ¿Te animas?




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