Las conductas adictivas, ¡un laberinto con múltiples salidas!
“Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo, yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla”.
Eric Clapton
Como ya comentamos la semana pasada, realizar una conducta es una decisión, pero no lo es que esa conducta acabe convirtiéndose en una adicción. De este modo, ¿quién en su sano juicio decidiría desarrollar una adicción? Evidentemente la persona decide realizar esa conducta susceptible de poder convertirse en adictiva, pero el ser humano tenemos una gran confianza en nuestras capacidades. ¿Os suena esa frase de “yo controlo”? Como bien dice la cita de Eric Clapton, uno siempre piensa que no va a engancharse, que es más fuerte que todo eso. Pero la adicción no negocia, aparece paulatinamente y, cuando la persona se da cuenta, está metida en un laberinto, en el que no sabe cómo ha entrado y del que tampoco sabe salir.
Para entender la adicción hemos de hablar también del uso y del abuso, ya que hemos comentado que es algo que va apareciendo paulatinamente. Para que sea más fácil, usaremos ejemplos de diferentes conductas adictivas. Imaginemos un persona que ocasionalmente cuando sale con sus amigos, se bebe algunas cervezas, esta persona estaría realizando un uso del alcohol, como la mayoría de la población. Ahora pensemos que esa misma persona de vez en cuando, no siempre, continúa bebiendo a pesar de que se va encontrando un poco mal, gasta más dinero en alcohol del que tenía pensado esa noche, acaba vomitando y se queda dormido al día siguiente, faltando al partido de fútbol de su liga. Aquí estaríamos hablando de abuso. La persona ha abusado en ese caso de la sustancia, no ha podido gestionar sus impulsos ni ha pensado en sus compromisos, produciéndose consecuencias negativas a nivel económico, de salud y a nivel social.
Pongamos un ejemplo con el uso de la videoconsola. Pensemos en un adolescente que tras realizar sus obligaciones diarias, dedica tres cuartos de hora antes de cenar a jugar a uno de sus juegos favoritos. Esta persona estaría haciendo un uso de la videoconsola. Imaginemos ahora un adolescente que, en dos ocasiones este mes, pasó 3 horas diarias jugando porque no fue capaz de parar la partida. Como consecuencia no hizo los deberes, se tuvo que levantar mucho más pronto al día siguiente para hacerlos y perdió bastante rendimiento al día siguiente en la escuela. En esta situación estaríamos hablando de un abuso en la utilización de la videoconsola.
Por lo tanto, como podemos ver el uso supone realizar la conducta (beber, fumar, jugar a la videoconsola, comprar ropa, etc.) de una manera en que, bien por su cantidad, su frecuencia o la propia situación de la persona, no se detectan consecuencias inmediatas sobre la persona ni sobre su entorno. En cuanto al abuso, supone realizar la conducta de una manera en la que, bien por su cantidad, su frecuencia y/o la propia situación de la persona, ya se empiezan a observara consecuencias negativas para la persona y su entorno. Por supuesto, cada caso se deberá analizar en profundidad y analizando los diferentes factores que entran en juego, pero estas definiciones son orientativas para poder diferencia el uso del abuso.
¿Siempre que una persona haga uso de una determinada conducta o sustancia ha de acabar en adicción? No, no tiene por qué acabar desarrollando una adicción, aunque si bien es cierto, no hemos de decuidarnos. No es bueno exagerar ni dramatizar, pero sí es interesante poder dialogar con la persona y darle información al respecto.
¿Cómo saber si estoy abusando o he desarrollado una dependencia? La diferencia principal desde mi punto de vista entre el abuso y la dependencia es que en la dependencia habría un aumento en la intensidad de la realización de dicha conducta, aumentando también la intensidad de las consecuencias negativas, las cuales se extienden a diferentes áreas vitales. Por ejemplo, en el caso propuesto anteriormente, imaginemos que el adolescente que juego a la videoconsola empieza a mentir a sus padres y se queda en casa de un amigo por las tardes jugando, sigue jugando por las noches durmiendo cada vez menos horas, empieza a no salir con sus amigos los fines de semana e incluso se olvida de beber mientras juega, deja de estudiar y de hacer los deberes, suspende 6 asignaturas, empiezan los conflictos en casa, etc. Podemos ver claramente como la conducta se ha intensificado y se realiza más frecuentemente, así como la cantidad de consecuencias negativas que se están derivando en diferentes áreas vitales.
Podemos definir cualquier adicción como un patrón maladaptativo de funcionamiento donde la conducta de la persona gira en torno a realizar la conducta adictiva, conllevando un deterioro o malestar significativo. Groso modo, lo que caracteriza a cualquier adicción, sea con sustancia o sea comportamental (sexo,juego,compras,etc.), es la tolerancia (necesidad de más para conseguir el mismo efecto), la abstinencia (síntomas físicos y psicológicos experimentados cuando se lleva un tiempo sin realizar la conducta adictiva) , pérdida de control, esfuerzos infructuosos por controlar e interrumpir la realización de la conducta adictiva, la persona organiza y estructura su vida para poder realizar dicha conducta, se reducen o abandonan áreas vitales importantes como el ocio, el trabajo, la familia o los amigos y por último, la persona sigue realizando la conducta a pesar incluso cuando hay conciencia de problemas físicos, psicológicos, económicos,etc.
Como vemos, la persona va entrando poco a poco y casi sin darse cuenta, en ese laberinto llamado adicción. En terapia tanto individual como grupal, siempre les digo: “seguramente no fueras consciente de que estabas desarrollando una adicción, pero desde el momento en que eres consciente de que has entrado en ese laberinto, sí puedes decidir salir de él. No sabemos cuánto tiempo decidirás permanecer en él, si saldrás y volverás a entrar o cuántas cosas tendrán que pasarte para que decidas salir y no volver. Lo que sí puedo decirte es que puedes decidir salir y que yo estoy aquí para darte un poco de luz en ese camino tan complicado que es salir del laberinto”.
Si la persona decide salir del laberinto, deberá hacerlo con ayuda profesional y del entorno. Necesitará gente que no esté inmersa en el laberinto sino que lo vea desde arriba, como en esos laberintos que coloreamos para encontrar la salida.Personas que puedan dar un poco de luz para guiar su camino. Si decide salir emprenderá un recorrido por ese intrincado laberinto de preguntas y respuestas, donde irá deshaciendo nudos, aprendiendo sobre sí mismo, sobre el mundo y cómo afrontarlo, entendiendo cómo llegó a ese laberinto para intentar no volver a entrar, aprendiendo a desaprender viejos hábitos, para desarrollar un nuevo estilo de vida y de comunicación con uno mismo y con el entorno y, en definitiva, decir sí a la vida y sí a poder ser lo más felices y libres que podamos.
Por todo ellos, es tan importante el trabajo tanto de prevención como de deshabituación. La semana que viene ahondaremos más en todas estas cuestiones. No te lo pierdas!




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