La adicción, ¡la herramienta más cara del mundo!.
La persona que tiene una adicción busca en los lugares equivocados, pero va detrás de algo muy importante, y no podemos permitirnos ignorar el significado de esa búsqueda”.
Deepak Chopra
Hace más de 10 años que me dedico al acompañamiento de procesos de deshabituación. Es más, fue con 14 años cuando supe que quería estudiar psicología para poder ayudar a personas que sufrían adicciones.Tras 10 años de ejercicio profesional nunca he dejado de aprender ni de maravillarme con la capacidad de cambio del ser humano y me considero una privilegiada por poder ver qué se esconde detrás de una adicción. Hoy comienzo con este post general e introductorio a cerca de las adicciones. Posteriormente iré ampliando con información específica.
Si somos capaces de mirar más allá de lo evidente la adicción nunca es el problema, es una consecuencia, un síntoma de un sufrimiento mucho más profundo, una herramienta para “afrontar” determinados aspectos y/o para evitar otros. De hecho, en numerosas ocasiones de lo que menos se habla en las sesiones suele ser de la conducta adictiva en sí, sino de qué hay detrás de la misma, su utilidad, qué mecanismos entran en juego para que se siga dando, etc.
¿Cómo llega alguien a hacerse adicto? ¿Es una decisión consciente? Nadie comienza a realizar una conducta adictiva para convertirse en adicto. Se comienza con la misma por diferentes razones, pero nunca para hacerse adicto. La conducta adictiva en un principio tiene una función muy marcada y específica, como por ejemplo evadirme del malestar emocional que no sé cómo gestionar, sentir placer, aplacar el aburrimiento, dejar de pensar en mis problemas, encajar en un grupo de amigos, tener más habilidades sociales, perder la vergüenza, sentirme alguien diferente, etc. Evidentemente, al principio esta herramienta funciona y funciona muy bien, ¿cómo si no la gente desarrollaría una adicción?. Aparentemente todo son ventajas y ninguna desventaja. Por lo tanto, si esto me funciona…¿por qué no voy a usarlo?
Pero cualquier conducta adictiva siempre es engañosa, es como la carroza de cenicienta, la manzana de blancanieves o el intercambio de voz por un par de piernas de la sirenita. Tiene trampa, no dura para siempre y siempre lleva aparejada un montón de letra pequeña, que siempre solemos leer cuando ya es muy tarde. Por lo que, lo que al principio funcionaba, de repente ya no funciona o, para que siga funcionando tengo que realizarlo más veces. Esto es lo que se llama el desarrollo de la tolerancia. Como consecuencia, debo de emplear mucho más tiempo y recursos que antes para conseguir como máximo el mismo efecto que conseguía antes. Y sí, generalmente esto pasa sin que la persona sea consciente. ¿Cómo va a ser esta conducta que me genera tanta satisfacción, mala?
El problema es que cuando la persona lee la letra pequeña, es decir, se da cuenta de que está metida en un bucle, su cerebro se ha convertido en un cerebro adicto que le pide más y más, haciéndose muy difícil la gestión del impulso. Ya no existe como tal el objetivo primero por el que se empezó a realizar la conducta, sino que el objetivo ahora es eliminar la sensación desagradable que se experimenta cuando no se está realizando. Ya no se realiza para obtener algo positivo, ya no cumple su objetivo, sino que se realiza para eliminar un malestar. Os recomiendo un vídeo para que podáis entender sin palabras lo que es un proceso adictivo: Pepita “nuggets”. Es un vídeo que yo pongo en los grupos de deshabituación y/o prevención de recaídas y que siempre nos hace tragar saliva. Juzgad por vosotros mismos.
Poco a poco las consecuencias negativas van ganando a las pocas positivas que quedan, pero la persona no sabe como parar. Cada vez su vida está más controlada por la adicción y todos sus esfuerzos van encaminados a conseguir satisfacerla. La adicción pasa a estar al mando de su vida. Como consecuencia, pierdo amigos, pierdo trabajos, mis relaciones afectivas se deterioran, aumentan los problemas familiares, contraigo deudas económicas , mi salud física y mental se resienten y, en definitiva, dejo de ser libre. Mi cerebro está secuestrado y arrastro a quien haga falta y lo que haga falta por satisfacer a mi captor.
Entre las áreas del cerebro que quedan alteradas cuando se tiene una adicción, es el lóbulo frontal. El lóbulo frontal es la parte del cerebro que se asocia al juicio, al control de los impulsos, la producción del lenguaje, la memoria funcional (de trabajo, de corto plazo), funciones motoras, comportamiento sexual, socialización y espontaneidad. Se encargan también de la planificación, coordinación, control y ejecución de las conductas.
Yo lo suelo explicar de esta manera para que las personas a las que acompaño, lo vean más gráficamente. A este lóbulo frontal lo llamo “el policía”, que tiene la función de manejar el tráfico, decidir qué pasa y qué no, qué es adecuado y qué no, cuándo parar una conducta que no es productiva, etc. ¿Qué le pasa a este policía cuando realizo la conducta adictiva? Yo suelo explicar que es como si se durmiese, anulamos al policía, está fuera de servicio, por lo tanto no habrá nadie al mando. Con el paso del tiempo a este policía le cuesta cada vez más estar en servicio. Sólo cuando pase un tiempo sin realizar la conducta adictiva, nuestro policía podrá volver a recomponerse y volver a ejercer sus funciones aunque, puede ser que ya no las vuelva a ejercer con tanta pericia. Será labor de la persona, junto a los profesionales, volver a reeducar su cerebro, aprender técnicas y herramientas para ponerlo en forma de nuevo.
A lo largo de mi experiencia he podido ver los efectos devastadores de haber usado cualquier conducta adictiva como herramienta en la vida. Los efectos son mucho más evidentes y llamativos en las adicciones con sustancia, donde podemos llegar a ver enfermedades mentales graves y problemas neurológicos muy serios, generalmente a consecuencia de la misma. La adicción no sólo afecta a la persona que la padece en primera persona, sino que se expande como una epidemia al sistema familiar y a las relaciones sociales y afectivas, las cuales se ven gravemente alteradas por las consecuencias que la adicción tiene en su ser querido. Provoca un gran sufrimiento emocional, físico y social. Es por ello que en todo tratamiento con una persona que padece un adicción, siempre se trabaja también con las familias y parejas. El objetivo es que ellos sepan afrontar el problema de su ser querido de la mejor manera posible, sabiendo identificar fases, acompañando a la vez que aprenden a cuidarse, priorizarse y poner límites saludables.
A mí me gusta transmitir siempre la idea de que por mucho que la adicción sea un trastorno mental, la persona puede decidir cambiar su relación con la adicción. La persona puede decidir pedir ayuda, puede decidir aprender sobre los mecanismos de su adicción, qué función tiene y cómo poder conseguir ese objetivo de otra manera más saludable, puede decidir invertir tiempo en trabajar en ella misma y mejorar sus patrones disfuncionales, puede aprender a valorarse, aprender a gestionar correctamente las emociones, aprender a poner límites, a expresarse asertivamente, a conectarse con lo que le hace sentir bien y un sinfín más de aspectos que trabajan en pos del autoconocimiento, el bienestar y la coherencia entre el pensar, sentir y hacer.
El camino es largo y no es fácil, implica realizar muchos cambios profundos, vitales y personales. Dejar de realizar la conducta adictiva no es sólo dejar de hacerla, sino que implica un cambio de estilo de vida, un cambio de creencias, nuevos aprendizajes y nuevas conexiones, autodescubrimiento, aprender a afrontar tanto los aspectos agradables como desagradables de la vida, gestionar nuestras emociones y nuestras relaciones y, en definitiva, poder ser seres independientes y libres, con capacidad para decidir sobre nuestros actos.
Este proceso es el que más cuesta y por ello, no siempre las terapias enfocadas a deshabituación son exitosas. Quizá tenga que pasar tiempo y muchas recaídas, para que la persona finalmente entienda qué supone dejar atrás una adicción. Algo que hay que entender es que una vez que tu cerebro es adicto, no va a dejar de ser adicto. ¿Eso quiere decir que tengo que condicionar mi vida y que siempre he de pensar que soy un adicto? Por supuesto que no, pero algo que yo siempre explico es que aunque no esté realizando activamente la conducta adictiva, mi cerebro sigue siendo adicto, por lo que si yo vuelvo a permitirme licencias éste siempre me volverá a pedir más y más. Evidentemente no siempre vamos a ir con esa idea en la cabeza, porque si no, no podríamos vivir. El objetivo es que la conciencia de que mi cerebro es adicto esté como lo está el antivirus en nuestro ordenador. Está de fondo, haciendo su trabajo y nosotros ni si quiera nos damos cuenta de que está ahí. ¿Cuándo nos enteramos?, cuando nos aparece alguna alerta de peligro. Simplemente hay que aprender cuándo y cómo activar al primer plano esa conciencia de adicción.
Os pongo un ejemplo que yo utilizo mucho tanto en terapia individual como el grupal: Imaginaos una persona que es alérgica a los cacahuetes. Esta persona, ¿ha de estar todo el día pensando que es alérgica a los cacahuetes y en activación de peligro? Evidentemente no, sería un sinvivir. ¿Cuándo necesitará esta persona activar su alerta? por ejemplo, cuando vaya a la compra debería mirar qué ingredientes tiene aquello que compra para evitar ponerse en peligro, o cuando vaya a un restaurante tendrá que asegurarse de que lo que pide no lleva cacahuetes, o si alguien le invita a algo de comer, deberá cerciorarse de que puede comerlo. Ahí y sólo ahí deberá activar su alerta en primer plano, pero esa persona siempre de base, sabe que es alérgica a los cacahuetes y, por lo tanto, sabe qué ha de evitar y cómo sustituir en sus recetas los cachuetes por otros alimentos aptos para ella. Con las adicciones, me gusta transmitir la misma idea: Yo no soy una adicción, soy una persona que ha desarrollado una adicción, y como persona que soy me voy a dar la oportunidad de descubrir qué hay más allá de la adicción.
Afortunadamente, cada vez hay menos estigmatización sobre la persona que padece una adicción. Antes se asociaba al vicio, ahora se sabe que hay un trastorno detrás de la misma. Cuando una persona llega a realizar una conducta que más tarde se convertirá en adicción, llega ahí por la interacción tanto de factores genéticos como ambientales y de aprendizaje. Como dice la cita de Deepak Chopra, llega buscando algo y, aunque ese algo no suele ser generalmente lo que mantiene la conducta a largo plazo, es importante saber qué busca la persona, qué función ha cumplido la conducta en su vida, para poco a poco desmontarla y comprobar que ya no sirve, que está obsoleta, que genera más malestar que bienestar y que, por lo tanto es necesario cambiarla y sustituirla por otra más efectiva y eficaz.
Si algo me ha permitido mi trabajo en el campo de las adicciones es aprender a no juzgar, a escuchar y a intentar entender el mundo de la persona que acude y sus condicionantes. Poder entender qué función ha jugado cada pieza en el desarrollo de la adicción ara poder resituarla, desmontarla y desarrollar nuevas creencias y formas de estar en el mundo, es un auténtico privilegio para mí. Para mí es muy importante trabajar siempre desde la parte sana de la persona, rescatando o descubriendo sus potencialidades, desarrollando nuevas formas de situarse en el mundo, nuevas creencias con respecto a sí mismos y la conducta adictiva,que nos permite acercarnos hacia nuevos objetivos. Poder ver como la persona recupera su integridad, su salud y su autonomía, es de los regalos más bonitos que hay para mí. Porque como también dice Deepak Chopra “en cuanto una persona que padece una adicción accede a una forma de satisfacción más profunda de la que es posible mediante un comportamiento autodestructivo, se abrirá ante él el camino de salida, de manera natural”. Os puedo decir que no es fácil pero que si la persona quiere y trabaja en sí misma, ese camino de salida aparece.




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