El perdón. ¿Qué ocurre cuando nos aceptamos?

El perdón es un regalo silencioso que dejas en el umbral de la puerta de aquellos que te hicieron daño”.

Robert Enright

El perdón, ese acto tan difícil de llevar a cabo, al que tanto respeto le tenemos y que genera tantas preguntas y reticencias. ¿Por qué nos cuesta tanto perdonar y perdonarnos? Es difícil porque dentro de ese “simple” acto, entran en juego muchas variables, como el ego, el miedo, las exigencias, las auoexigencias, el contexto, el estado de ánimo, las expectativas, la necesidad de tener control sobre el otro y sobre el mundo y una serie de creencias instauradas sobre cómo debería el otro, yo mismo y el mundo.

Es complicado perdonar cuando nos han herido o perdonarnos cuando nos juzgamos y estamos seguros de haber hecho algo irremediablemente dañino. Cuántas veces en terapia he escuchado esto de: “es que no se merece que le perdone”, “es que yo no quiero olvidarme de lo que hizo” o “¿para qué perdonarle, para que se sienta mejor?”. El general, existe la creencia de que cuando perdonamos, lo hacemos para que el otro se sienta mejor, para liberarlo. Sin embargo, el perdón no tiene que ver con que el otro se sienta mejor, sino que es un verdadero acto de amor propio, de autocuidado, de decidir de dejar de vivir en el pasado, de soltar peso y liberarnos. Perdonamos para sentirnos mejor y no por el otro.

Perdonar no ha de significar necesariamente olvidarnos de lo que pasó ni empezar de cero.Yo puedo perdonar a alguien por algo que hizo y aún así, decidir que ya no quiero seguir vinculándome con esa persona.
Alguien podría decir entonces, “y, ¿por qué perdonar entonces si no vas a seguir relacionándote?” “¿Por qué voy a tener que pasar por ese trago para nada?”, y sería una pregunta muy inteligente, pero como dijo Kathy Hedber, “Perdonar no es olvidar. Pero ayuda a dejar ir el dolor”. Incluso para perdonar, ta y como muestra la cita inicial, no hace falta ni que el otro sepa que le hemos perdonado porque, repito, no es algo que hacemos para el otro, sino para nosotros mismos.

Perdonar es útil para dejar de sufrir, porque cuando no perdonamos seguimos aferrándonos con fuerza a lo que pasó, seguimos preguntándonos por qué nos pasó a nosotros, pensamos en cómo hubiese sido si hubiese sido diferente y afloran sentimientos de rabia y odio que nos contaminan y no nos dejan avanzar. Como dijo Buda: “Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”.

El acto de perdonar y el de perdonarnos están muy unidos. Si yo no soy capaz de perdonarme a mí mismo, ¿cómo voy a perdonar al otro? Perdonarnos significa tratarnos con amabilidad, practicar la auto-compasión (entendida no como pena sino como se entiende en la lengua tibetana, amor y cuidado hacia nosotros mismos que nos permite la curación emocional y espiritual), conocer nuestras luces y nuestras sombras y aceptarlas, rebajar las autoexigencias, los deberías ser o deberías haber hecho, reducir las expectativas, entender que somos seres humanos y que por lo tanto somos imperfectos y cometemos errores, significa respetarnos y entender que en el momento en que hicimos lo que hicimos no podíamos hacer otra cosa diferente con los recursos, capacidades y conocimientos que teníamos entonces.

Cuando nos aceptamos tal y como somos, como seres imperfectos en constante cambio y desarrollo, somos mucho más amables con nosotros mismos y también con los demás, porque entendemos que también son imperfectos. Cuando nos culpamos, nos dañamos a nosotros mismos y asumimos intencionalidad dañina en aquello que hicimos, mientras que cuando aceptamos nuestra responsabilidad, aprendemos del pasado y podemos perdonarnos y dejar ir más fácilmente. Sólo si consigo hacer esto conmigo mismo, podré hacerlo con los demás.

¿Perdonar significa eludir el daño que se me ha causado o que yo he causado? La respuesta sería un “no” rotundo. Nunca es bueno bloquear las emociones ni taparlas. Perdonar implica la decisión de dejar de ir y de no aferrarme, a pesar de que he producido o me han producido algún daño. Es necesario sentir la emoción y transitarla, pero sólo como paso necesario para transmutarla y liberarnos y no para aferrarnos a ella y generar más dolor si cabe. Para ello necesitaremos, obviamente, tiempo, perspectiva y trabajo personal.

Requiere mucha valentía transitar el camino hacia el perdón. En él se han de poner en práctica aspectos como la empatía, la auto-compasión y la compasión hacia el otro (entendida tal y como la hemos explicado anteriormente), rebajar las autoexigencias y las exigencias hacia los demás y hacia el mundo, practicar el amor hacia mí mismo y hacia los demás, entendiendo que, en ese momento específico, cada uno hizo lo que pudo o supo y que no pudo hacer otra cosa diferente a la que hizo con las habilidades y situación personal con las que contaba en ese momento. Perdonar significa mirarnos y mirar a otro, mirar lo que pasó sin rencor, con agradecimiento por lo aprendido de aquello, significa soltar y dejar de cargar con ese paso, dejar de mirar atrás para mirar hacia adelante.

¿Cómo comenzar a practicar esta gran habilidad que es el perdón? No existe una receta mágica pero lo que sí que sé con total seguridad es que, aunque cada uno tengamos nuestra manera maravillosa de transitar hacia el perdón, hay algunas cuestiones generales que son más o menos universales y nos pueden servir para empezar a tomar contacto, como por ejemplo:

  • Autoconocerme para saber cuáles son mis aspectos positivos y cuáles son los que puedo mejorar.
  • Autoaceptación y aceptación del otro y del mundo tal y como es.
  • Soy un ser humano y por lo tanto en mi naturaleza está el cometer errores.
  • Es imposible pasar por el mundo sin errar y sin haber hecho daño a alguien alguna vez. Cuando nos relacionamos nos exponemos a poder herir al otro y a poder ser heridos.
  • Darme cuenta de cuándo me estoy juzgando o estoy juzgando al otro severamente y, si es posible, parar el discurso.
  • Crear autoafirmaciones positivas y amables cuando nos encontremos hablándonos negativamente.
  • Hablarnos como si habláramos a un amigo.
  • Pequeñas acciones de autocuidado y de cuidado a los demás.
  • Practicar la empatía, entender las razones y circunstancias por las que alguien hace lo que hace.
  • Realizar pequeños cambios en las rutinas y exigencias diarias, para poder flexibilizarnos.
  • Entender que el mundo y los otros no van a ser como nosotros queremos que sean. El mundo es dual, pasan cosas agradables y otras no tanto, y el ser humano también es dual, tenemos luces y sombras.
  • Cambiar los “debería/s” por “me gustaría” “quiero”, etc.
  • Focalizarnos en lo que aprendimos después de que aquello pasara y qué nuevos recursos y herramientas tenemos.
  • Practicar el agradecimiento y seguir caminando y construyendo hacia adelante.

Hace unos meses escuché la canción Reina del grupo Miss Caffeina, la cual habla del perdón, de dejar atrás el pasado y liberarse, que dice: “Voy a liberarme, voy a dejar de odiarte. Voy a pensar que la culpa no fue tuya y perdonarte. Voy a prender fuego a todos mis recuerdos, voy a matar a los demonios que se enredan en mi pelo”. Creo que no podría ser más certera y ajustada a todo lo dicho anteriormente. Te animo a dejar atrás los demonios del pasado, a liberarte y a practicar el perdón a ti mismo, a los demás y a al vida.

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario