FrustARTE, esa capacidad poderosa
“Si te caes siete veces, levántate ocho.”
Proverbio Chino.
Qué poderosa herramienta es la frustración. Puede que suene extraño ver juntas dos palabras como “poderosa” y “frustración”, pero espero que cuando acabes de leer este post, tengas tan claro como yo lo beneficios que tiene el aprender a frustrarnos adecuadamente.
¿Cómo podríamos definirla? La frustración es ese sentimiento de tristeza, decepción y/o desilusión que aparece ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o deseo, de conseguir una meta, etc. Cuántas veces no hemos intentado algo por miedo a no conseguirlo y así evitar la temida frustración y las diferentes emociones derivada de ella, ¿verdad? Cuántas veces hemos comprado cosas que luego ni usamos, hemos dicho y hecho cosas impulsivas de las que luego nos hemos arrepentido…pero, ¿ qué sería de nosotros si gente tan importante para nuestro desarrollo como Einstein o Edison, por citar algunos, no hubiesen tenido tolerancia a la frustración? Seguramente hoy no tendríamos los avances que tenemos hoy en día en muchas áreas.
¿Cómo y cuándo aprendemos a frustrarnos? La frustración es algo que aprendemos desde muy pequeños. Simplemente el hecho de tener que aprender a andar y a familiarizarse con el mundo, ya supone una frustración, porque no todo sale a la primera, ¿no? Ya sobre los 2 años ,aproximadamente, cuando empezamos a andar y a tocarlo todo, empezamos a escuchar mucho la palabra “no”. También cuando ya aprendemos a hablar solemos aprender también a pedir (y sobre todo en esta sociedad consumista) y, generalmente también solemos obtener muchos “no” como respuesta.
Generalmente el ser humano no suele reaccionar muy bien al “no”. ¿Qué solemos hacer cuando somos pequeños? patalear, llorar, gritar y todo un arsenal de estrategias desesperadas con el objetivo de espantar a los adultos y que cedan ante nuestro chantaje. Es cierto que la personalidad de cada individuo marcará mucho su reacción ante la frustración, pero también es cierto que la reacción que tengan las figuras de cuidado y protección ante estas respuestas, será muy importante a la hora de moldear la tolerancia a la frustración.
Especifiquemos un poco más detenidamente. Imaginemos que un niño pide caramelos y se le dice que no. Generalmente el niño insistirá e insistirá, tirará de los límites y tanteará las reacciones del adulto. SI el adulto continúa respondiendo que no ante su petición, un último recurso puede ser el llorar y gritar, lo que se conoce como armar un escándalo. ¿Por qué se suele hacer esto? ¿Qué pasa cuando el niño monta una escena? Pues que, en ocasiones, el adulto cede y el niño consigue su ansiada golosina. Por lo tanto, el niño aquí aprende que si quiere conseguir algo sólo ha de armar un escándalo par obtenerlo, que las cosas se consiguen rápido y que siempre me salgo con la mía.
Puede parecer inofensivo, ¿verdad? Pero la realidad es que es un aspecto que a medio-largo plazo puede generar numeroso problemas de conducta, sociales, personales y emocionales. Como sociedad hemos ido pasando de un modelo más autoritario a otro excesivamente permisivo, donde hay mucho estrés, exceso de actividades y poco tiempo de calidad compartido, por lo que los padres no quieren quedar como los malos de la película,tampoco tienen ganas ni tiempo de discutir o de dedicar el poco tiempo que tienen con sus hijos a poner límites, quieren ofrecer todo a sus hijos.
Actualmente todo está al alcance de la mano o de un clic. Prácticamente hoy todo es inmediato, todo es ya y ahora, como y cuando yo quiero. Hilando con lo comentado en el párrafo anterior, las familias intentan crear un ambiente de protección, seguridad y confort para sus hijos. ¿Es eso malo? podríais preguntaros. Evidentemente es fantástico poder crear un entorno de seguridad y protección, un entorno saludable donde nuestros hijos adquieran confianza en sí mismos y autoestima. Pero, ¿crear un entorno de estas características ha de implicar no estar expuesto a ninguna decepción, a ningún esfuerzo? Por supuesto que no!
En la vida las cosas no siempre salen como y cuando queremos y menos aún, aparecen de la nada,sin un ápice de esfuerzo. Podemos crear todo el decorado que queramos en un entorno familiar, pero eso no ayudará a nuestros hijos fuera de él. Probablemente, tampoco lo hará dentro, donde seguramente creemos pequeños dictadores donde todo ha de hacerse a su manera e inmediatamente.
¿Por qué son tan desagradable en muchas ocasiones las emociones y sensaciones derivadas de la frustración? Son desagradables físicamente porque, generalmente, suelen ser sensaciones de ansiedad o tristeza, sentimos un apremio en el pecho, en el cuerpo, queremos esto YA. Incluso si no hemos conseguido algo que ansiábamos, pueden aparecer pensamientos autodestructivos y muy negativos, derrotistas y catastrofistas, que nos alejarán aún más de nuestro objetivo. Lo que muchas veces ocurre es que no le damos tiempo a esas sensaciones a transformarse y a reducirse, no nos damos tiempo para esperar, para buscar otra manera de llegar a nuestro objetivo.
¿Qué consecuencias puede tener para una persona no saber tolerar la frustración? Entre otras podemos destacar:
Conducta impulsiva y caprichosa.
Se convierten en personas exigentes y demandantes para con su entorno. Se pueden dar incluso situaciones de malos tratos de los hijos a los padres.
Todo gira a su alrededor, son el centro del universo y merecen todo lo que demandan.
Mayor probabilidad de convertirse en personas rígidas e inflexibles, con menor capacidad de adaptabilidad.
Tendencia o mayor facilidad a desarrollar ansiedad o depresión ante los retos de la vida, las circunstancias adversas /yo las metas.
Menor capacidad para mantener conductas en el tiempo orientadas a la consecución de metas a medio-largo plazo. Esto puede producir problemas a nivel escolar, por ejemplo.
Mayor tendencia a la desmotivación. Se cansan rápidamente de las cosas.
Mayor probabilidad de conductas violentas y adictivas, como herramienta para gestionar la ansiedad producida por la incapacidad de demorar las recompensas. Además de búsqueda de estímulos que generen sensaciones inmediatas (sustancias, tragaperras, etc.).
Poca o nula gestión emocional.
Podemos ver, por lo tanto, que enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración, les puede suponer aspectos tan positivos y enriquecedores como los siguientes:Mayor capacidad de gestión emocional y auto regulación.
Mayor capacidad de automotivación y de mantenimiento de conductas a largo plazo con el objetivo de conseguir cumplir una meta.
Mayor capacidad de demorar las recompensas.
Mayor capacidad de empatía.
Mayor flexibilidad y capacidad de pensamiento crítico y adaptación a diferentes circunstancias.
Conducta motivada por un correcto equilibrio entre mente emocional y mente racional. Conducta mucho más meditada y responsable.
Mayor sensación de competencia y de autoestima.
¿Qué podemos hacer los adultos para ayudar a los niños a tolerar la frustración? Podemos utilizar, entre otras, las siguientes herramientas y capacidades:
Practicar con ellos la meditación en forma de juego.
Aprender a escuchar sus emociones.
Aprender a escuchar y a entender al otro.
Poner límites saludables. No podemos conseguir todo lo que queremos en el momento que queremos, y mucho menos si estamos utilizando el chantaje emocional como vía.Desde pequeños es muy importante que se involucren y responsabilicen , en la medida que su edad se lo permita, en la adquisición de las cosas materiales que quieren. Por ejemplo, si quieren algún capricho extra, puede ser una buena estrategia negociar con ellos una cantidad de dinero que nosotros aportaremos y una cantidad de dinero que aportará el niño con los ahorros que vaya consiguiendo. De esta manera aprenden que las cosas que queremos requieren de una espera e implicación por nuestra parte, aprenden a valorar las cosas y a ilusionarse, al mismo tiempo que fomentamos la capacidad de motivarse y mantener una conducta en principio dura con un fin mayor y positivo.
Es importante que los adultos aprendamos a tolerar el chantaje emocional del niño, las rabietas, etc. tratando de no ceder, de ser fieles a los límites establecidos. Hemos de trascender esa barrera actual de la excesiva culpabilidad, de ser los padres “perfectos”, que no niegan nada, con los que sus hijos nunca se enfadan, etc. Eso no existe! Nosotros hemos de ser educadores, y eso implica poner límites y ser ejemplos de conducta.
Es importante no castigar cuando ocurran estas rabietas o chantajes. Es mejor dar la consigna de que cuando se calmen hablaremos tranquilamente y que mientras se sigan comportando así, papá o mamá no les hará caso. Cuando el niño esté en posición de poder hablar y negociar, entonces les animamos a reflexionar sobre lo ocurrido y ha analizar cómo ha ido variando la emoción en intensidad.
¿Vamos ya reconciliándonos con esto de la frustración? Espero que sí. Si te reconoces en las características de las personas con baja tolerancia a la frustración, no te preocupes! Ya tienes parte del camino hecho, te has dado cuenta. Si por las razones que sea, no pudiste aprender adecuadamente a gestionar la frustración, aún estás a tiempo. Sólo hay que ponerle una pizca de conciencia, ganas de trabajar y unos pocos retos! ¿Cómo podemos autoenseñarnos a tolerar la frustración? Podemos realizar, entre otras muchas, algunas de estas estrategias:Familiarizarnos con las emociones desagradables. Cuando queramos algo ahora y ya, cuando nos sintamos ansiosos, con ese impulso irrefrenable, paremos, escuchemos dentro, respiremos y reconduzcamos. Sólo date media hora, retrasa ese impulso media hora. Si respiras y te paras, si te permites no llevar a cabo la conducta, verás como la emoción tiene un efecto de subida, un pico y luego una bajada. Verás como la intensidad baja y lo que era tan urgente ya no lo es!
Aprende técnicas de relajación y/o meditación sencillas que puedas practicar en tu día a día.
Prueba a decirte no de vez en cuando. Aunque sea retrasa la conducta una hora, para ir espaciando la inmediatez del estímulo.
Ponte pequeños retos, como ahorrar un poco cada mes para comprarte ese algo que quieres. Aunque puedas comprártelo, no importa! Permítete esperar, aprende a saborear la espera y siente los beneficios en tu autoestima y tu autoconcepto.
Empieza por marcarte objetivos a medio plazo que puedas cumplir y que tengan un componente motivacional alto y visualiza la consecución de esa meta. Eso hará mucho más llevadero el camino.
Luego puedes ir subiendo a objetivos más a largo plazo y con un componente motivacional no tan alto, pero que vayan a suponer beneficios o mejoras para ti en tu futuro.
Rétate a contar 10-20 segundos antes de decir/hacer algo impulsivo. SI después de 10-20 segundos, sigue siendo tan apremiante o tan importante decirlo, adelante! Si no, ¡Enhorabuena! te habrás dado cuenta de que era un acto o un pensamiento impulsivo y habrás tolerado la frustración de no decirlo o hacerlo.
Trabaja las creencias sesgadas, distorsionadas o irracionales con respecto a la frustración, como por ejemplo: “es horrible no poder conseguir todo lo que quiero”,”no conseguir algo a la primera es horrible, es un fracaso y significa que nunca lo conseguiré”, “No vale la pena esforzarse por conseguir las cosas. Las cosas inmediatas son mucho mejor”, “si no lo compro ya se acabará”, “Es el deber de los demás complacer mis necesidades y deseos siempre y cuando yo quiera y a mi manera”, etc.
Recuerda que siempre estamos a tiempo de cambiar y de moldearnos, de desaprender y aprender. Esto de la frustración es todo un arte, pero reporta enormes beneficios a nivel emocional, espiritual, personal y social. Y como siempre digo, hagamos las cosas por elección y no por ser víctimas de nuestros impulsos. Aprender a frustrarnos nos permite también decidir, cuándo no quiero frustrarme. Aprender y conocernos nos permite ser libres de escoger. No seas una víctima de ti mismo. Aprende el arte de frustARTE.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir