El victimismo, ese gran antimaestro
“Sólo el necio está interesado en la culpa de los demás, puesto que no puede cambiarla. El sabio aprende sólo de su propia culpa. Se preguntará a sí mismo: ¿quién soy puesto que todo esto me está pasando? Para encontrar la respuesta a esta pregunta destinal, mirará en su propio corazón.”
Carl Jung.
Dicen que en casa del herrero cuchillo de palo. Yo considero que en el caso de los terapeutas no siempre es así, pero es cierto que, afortunadamente para nuestro crecimiento, incluso tener una profesión como la de psicóloga no nos salva de que nos visiten viejos fantasmas.
Estos días me ha pasado algo que no me pasaba desde hacía tiempo: me encontré victimizándome y teniendo algunas conductas muy lejanas para mí en el tiempo. Así que decidí que quería dedicarle un espacio a hablar del victimismo, este pésimo maestro de vida.
Lo bueno de estar siempre en constante proceso de desarrollo y supervisión, es que eres capaz de detectar esos fantasmas mucho antes y puedes elegir cómo actuar ante ellos.
¿Quién no se ha puesto en el papel de víctima alguna vez? Es muy fácil y tentador. Todos hemos entrado alguna vez en el diálogo interno donde nosotros somos pobres desvalidos y los otros y el mundo son hostiles, van contra mí y, además, yo no puedo hacer nada por solucionarlo. Bien, no lo juzguemos, tenemos en mayor o en menor medida tendencia a victimizarnos , solemos mirar más dentro que fuera. Nos cuesta menos culpabilizar o poner nuestro foco de atención en los otros que nosotros mismos.
¿Por qué solemos hacer esto? Normalmente suele ser un mecanismo de protección, una manera de proyectar en el otro o en las situaciones lo que no nos gusta de nosotros y poder así tolerarlo mejor. Al final el beneficio secundario más importante desde mi punto de vista, es que nos permite no enfrentarnos, nos permite seguir cómodamente instalados en nuestros patrones y nos ahorra ese doloroso y cansado, en ocasiones, proceso de desarrollo y de cambio. Lo que no veo, no es un problema. Qué goloso es el victimismo y qué cómodo también.
Pero si tan cómodo es y tan fácil resulta, ¿por qué entonces nos siguen pasando las mismas cosas?, ¿por qué me sigo sintiendo mal? Evidentemente, el victimismo tiene una gran desventaja: no actúo sobre mi parte de responsabilidad en lo que está pasando, no aprendo a ver lo que el otro o las situaciones me muestran de mí mismo, vivo instalado en la queja permanente y cualquier solución que me ofrecen es rechazada y, en definitiva, espero que el mundo cambie para adaptarse a mí y mis necesidades. Espero que otro venga a salvarme de mi desgraciada existencia. Es posible vivir victimizándose, claro que sí!! Pero tengo una mala noticia; el victimismo genera frustración, rabia, comparaciones, desesperación, nos hace vivir en piloto automático y al final genera amargura y dolor.
¿Qué tal te suena cambiar el victimismo por la responsabilidad? La responsabilidad supone responder a algo con las habilidades que tenemos en ese momento. Cuando nos responsabilizamos de nosotros y de lo que nos sucede tomamos decisiones, damos pasos hacia el cambio, soy honesto conmigo mismo, acepto mis luces y mis sombras, salgo de la comodidad, soy activo y busco soluciones, aprendo tanto de mí como de los demás y del mundo y, por tanto, puedo relacionarme mejor, mejorar la calidad de mis relaciones personales y conseguir los objetivos que me proponga. Mi nivel de autoestima y de autoconcepto aumentarán convirtiéndome en una persona productiva, que genera cambios, que pasa por la vida sin esperar que la vida le pase y que siempre saca algún aprendizaje de todo aquello que le sucede.
¿Cómo saber si estoy comportándome como una víctima? Estas son las principales señales a las que tengo que estar atento:
♦Considero que todo es un ataque hacia mí, por tanto siempre estoy en modo ataque y defensa.
♦Esta actitud nos hará sentir que estamos luchando solos contra el mundo. Nos alejaremos de los demás y nos sentiremos más solos.
♦Resentimiento y justificación constantes.
♦Tendencia a un exceso de dramatismo en aquello que nos ocurre.
♦Pocas o nulas habilidades de autosupervisión.
♦Culpabilizamos a los otros de todo lo que nos pasa. No asumimos nuestra parte de responsabilidad.
♦No aprendemos a pedir lo que necesitamos de una manera adecuada, sino que esperamos que a través de la queja, alguien venga a salvarnos y a cubrir nuestra necesidad. En muchas ocasiones se puede utilizar el chantaje o la manipulación, incluso si darnos cuenta.
¿Qué puedo hacer si detecto que he entrado en un estado de victimización?
Yo recomiendo practicar lo que suelo llamar ponerte en el papel del director de cine. ¿Qué quiere decir actuar como un director de cine? Bien, podemos preguntarnos: ¿qué hace un director de cine? El director observa la escena desde fuera, es un espectador de lo que está pasando, puede observar a los participantes, la situación y a todos los elementos que participan. Conoce bien a los actores de la escena y sabe lo que quiere, puede dar indicaciones cuando sea pertinente y ajustar lo que sea conveniente. Todo ello puede hacerlo porque está fuera de la escena.
Te animo a practicar con situaciones poco dolorosas y comprometidas para que te sea más fácil. Colócate primero en una posición de honestidad para contigo mismo, observa la escena y mírate a ti mismo y al otro u otros, la situación y los elementos. Observa de la manera más objetiva y descriptiva posible, no enjuicies. Detente a observar tu cuerpo, tus sensaciones y tu mente, observa qué piensas del otro, de qué le culpabilizas y luego pregúntate: ¿qué parte de responsabilidad están teniendo estas dos personas en lo que está pasando? ¿hay algo de lo que le recrimino a esta otra persona que hable de mí? ¿qué me enseña esta persona y esta situación sobre mí mismo? ¿qué puedo hacer para acercarme a una solución?
Incluso puede ser buena idea que luego como director de cine, te autosupervises y te des unas pautas de aquellos aspectos que puedes cambiar y los pasos que puedes dar para acercarte a una solución. Puedes también dedicar un tiempo a visualizar el diálogo con esa otra persona y aquellos cambios que quieres ver tanto en ti como en el otro. Esto te ayudará a concretar los pasos que puedes dar, así como las peticiones que en su caso, quieras realizarle al otro.
Recuerda que sólo responsabilizándonos de nosotros mismos podemos aprender, crecer y mejorar. Cuando soy capaz de mirar en mi interior, ser honesto conmigo mismo y puedo ver la enseñanza en aquello que me está pasando, puedo ser libre de condicionamientos, de prisiones mentales, de culpabilizaciones externas y puedo mejorar mi relación conmigo mismo, con los demás y avanzar en mi camino.
Recuerda, el victimismo es el antimaestro, no nos enseña nada, sólo nos paraliza y nos provoca sufrimiento. Gandhi dijo una vez: “debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”. Por ello aprendamos de cada situación, dejemos de exigir al mundo y al otro que sean como nosotros queremos que sean y preguntémonos: ¿qué puedo hacer yo para acercarme a ser eso que yo le pido al otro? ¿qué pasos puedo dar para acercarme al diálogo y al entendimiento? En definitiva, ¿qué cambio puedo hacer yo para obtener algo diferente?
¿Te animas a responsabilizARTE?




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